Acaba de terminar la película ...

Sí, "Nothing Hill".

Y no, no es la primera vez que la veo, ni la segunda, ni la tercera.

Pero esta vez ha sido diferente.

La he visto, pero casi no la he oído.

Estoy enganchado en estos días a un libro sobre los Rothschild y soy incapaz de apartarlo.

Por eso, sí, me he puesto a ver la película, pero enseguida he bajado el volumen y me he dedicado al libro.

Y así, he visto la película como si fuera un documental de las calles de Londres.

Y es que pese a haber visitado esta ciudad en cinco o seis ocasiones aún no puedo decir que sepa lo que es Nothing Hill en su pleno ambiente.

No, no he conseguido nunca adaptarme a los horarios británicos y siempre he llegado a ese emplazamiento demasiado tarde, y cuando ya no había casi gente y todos sus comercios estaban chapando.

Del Museo Británico empiezo a ser un experto, y hasta tengo ya establecimientos favoritos en su zona, pero de Nothing Hill y Portobello Road no.

Y, al final, en la película, el hotel Savoy.

No, no lo he visitado.

Bueno, digo mentira, pues llegué una vez hasta su misma puerta.

Nos había indicado el jefe de Sonia que fuéramos, y fuimos, pero al llegar al lugar caímos en la cuenta de lo desastrados que íbamos vestidos y no nos atrevimos a entrar.

Fue un error, pues resulta que su jefe a Sonia le había querido hacer un regalo y había dejado orden en el Savoy de que nos atendieran muy especialmente y que ya se hacía él cargo de todos los gastos.

Sí, por eso el volver algún día al Savoy es uno de nuestros asuntos pendientes.

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