Sí, lo he confesado ya algunas veces antes.
Me declaro liberal casi siempre, pero me descubro conservador todo el rato.
Y sí, como es muy propio de un conservador, no hago otra cosa en política que ir buscando el liderazgo.
Y así, sí, Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Karol Wojtyla, ..., y quise pensar que Nicolas Sarkozy, pero no.
Y no se engañen, me encataría que el domingo ganara Sarkozy, pero "el Sarkozy" de ayer o anteayer en el Trocadero, o mejor el de aquel discurso del "Pensamiento único" de hace ahora cinco años ...
"El pensamiento único, que es el
pensamiento de quienes lo saben todo, de quienes se creen no sólo
intelectualmente sino también moralmente por encima de los demás, ese
pensamiento único había denegado a la política la capacidad para expresar una
voluntad. Había condenado la política. Había profetizado su caída imparable
frente a los mercados, las multinacionales, los sindicatos, Internet. Se
sostenía que en el mundo tal cual es hoy, con sus informaciones que se difunde
instantáneamente, sus capitales que se desplazan cada vez más rápido y sus
fronteras ampliamente abiertas, la política ya no jugaría más que un papel
anecdótico y que ya no podría expresar una voluntad, porque el poder pronto
estaría compartido, diluido, disperso en red; porque las fronteras estarían
totalmente abiertas y los hombres, los capitales y las mercancías circularían
sin obedecer a nadie. Pero la política retorna. Retorna por todas partes en el
mundo. La caída del Muro de Berlín pareció anunciar el fin de la Historia y la
disolución de la política en el mercado. Dieciocho años después, todo el mundo
sabe que la Historia no ha terminado, que siempre es trágica y que la política
no puede desaparecer porque los hombres de hoy sienten una necesidad de
política, un deseo de política como rara vez se había visto desde el fin de la
segunda guerra mundial.
La necesidad de política tiene por
corolario la necesidad de nación. La nación también había sido condenada. Pero
aquí está de nuevo, para responder a la necesidad de identidad frente a la
mundialización, vivida como una empresa de uniformización y mercantilización del
mundo en la que ya no quedaría lugar para la cultura y para los valores del
espíritu. Quizá la inquietud es excesiva, pero es bien real y expresa una
necesidad de identidad muy fuerte. Por todas partes la he encontrado en esta
campaña; en todas partes me han hablado de ella gentes de toda condición. Pero
la nación no es sólo la identidad. Es también la capacidad de estar juntos para
protegerse y para actuar. Es el sentimiento de que no se está solo para afrontar
un futuro angustioso y un mundo amenazante. Es el sentimiento de que, juntos, se
es más fuerte, y podremos hacer frente a lo que, solos, no podríamos afrontar".
Pero no, no "el Sarkozy" del debate con Hollande de hace un rato.